Muchos de nosotros, en nuestra juventud, hemos fantaseado con el matrimonio ideal. Nos hemos imaginado casados con alguien que nos ama incondicionalmente y que acepta con alegría todas nuestras peculiaridades. En Efesios 5:22-33 encontramos precisamente un matrimonio así. Aquí el apóstol Pablo compara la relación entre esposo y esposa con la relación íntima entre Jesucristo y su novia, la Iglesia. Pasa con tanta facilidad de la relación entre esposo y esposa a la de Cristo y su novia que nos quedamos preguntándonos cuál era su enfoque principal. En el versículo 22, instruye a las esposas a …sométanse a sus propios esposos, como al Señor. Luego, en el versículo 25, instruye a los esposos a …amen a sus esposas, así como Cristo también amó a la iglesia….
Pablo resume este pasaje diciendo que Este es un gran misterio; pero yo hablo con respecto a Cristo y a la iglesia. –Ef 5:32. Este llamativo paralelismo nos lleva a creer que el matrimonio está destinado a reflejar plenamente la intensa relación de entrega propia que Cristo demostró al asegurar una novia para sí. Esta imagen es tan poderosa que solo podemos creer que, desde el momento de la creación, Dios diseñó el matrimonio para reflejar su amor apasionado por nosotros.
Pablo escribió: Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo también amó a la iglesia y se entregó por ella; –Ef 5:25. Al observar la vida de Jesús durante su breve estancia aquí en la tierra, no vemos más que entrega propia en beneficio de los demás. No encontramos ni rastro de egoísmo. Es esta entrega desinteresada de su vida lo que hace que el Evangelio sea tan poderosamente atractivo para tantos.
En 2 Co 5:14, Pablo escribió: Porque el amor de Cristo nos constriñe…. Esta es la naturaleza del Evangelio. El gran amor de Cristo por nosotros nos impulsa a amarlo a cambio. Este amor recíproco da como resultado una vida de servicio devoto, que a veces llamamos obediencia. Si usted, como esposo, desea tener una esposa que se deleite en servirle con devoción, aprenda a amar como Cristo amó.
I. Cristo amó con un «amor sacrificial»
Al capítulo dos de Filipenses a veces se le llama la «gran kenosis» de Cristo. La palabra griega kenoo, que aparece en el versículo siete (se despojó a sí mismo), significa «derramar». Al venir a la tierra, Jesús dejó a un lado su posición junto al Padre y entró en la vida en el planeta Tierra mediante una concepción cuestionable (desde el punto de vista humano), como hijo de una humilde joven campesina y virgen. Esa fue la reputación que adoptó. Eligió identificarse con la humanidad caída, aunque tenía todo el derecho de reclamar igualdad con Dios.
En el huerto de Getsemaní, Jesús demostró «amor sacrificial» cuando …oró, diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú quieras. –Mt 26:39. Mediante su vida y su muerte sacrificial, nos mostró que la intimidad en una relación solo se encuentra al perderse uno mismo en esa relación. El gran flagelo de nuestros días es el amor propio y la ensimismación. Pablo escribió a Timoteo: …que en los últimos días vendrán tiempos peligrosos. Porque los hombres serán amadores de sí mismos… –2 Ti 3:1-2
Vemos cumplirse esta profecía con la llegada de las redes sociales. Aunque afirman ser una plataforma donde las personas pueden conectarse, en realidad son una plataforma para la promoción de uno mismo. Esta obsesión con uno mismo es «peligrosa» porque atenta contra la intimidad en las relaciones y puede ser fatal en el matrimonio. La intimidad matrimonial depende de que dos personas estén dispuestas a renunciar a su identidad personal y adoptar una nueva identidad compartida.
II. Cristo amó con un «amor fiel»
Antes de la fiesta de la Pascua, cuando Jesús sabía que había llegado su hora de partir de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. –Jn 13:1. Cristo demostró un amor fiel, incluso ante el rechazo. Juan escribió que Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron. –Jn 1:11
Mateo escribió: Pero todo esto sucedió para que se cumplieran las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron. –Mt 26:56. Una cosa es amar a quienes nos aman a cambio. Jesús dijo que incluso los publicanos hacen eso. Jesús demostró amor a quienes lo odiaban, a quienes lo traicionaron, a quienes lo negaron, e incluso oró por quienes lo crucificaron. Su amor se sostenía en un compromiso de pacto. Él era …el Cordero inmolado desde la fundación del mundo. –Ap 13:8. No permitió que nada lo apartara de su propósito eterno.
Nuestra sociedad ha perdido la comprensión del pacto; de ahí que haya tantos matrimonios rotos. Incluso muchas iglesias que aceptan la «teología del pacto» en cuanto a la salvación no aplican esos mismos principios del pacto al matrimonio. Malaquías afirma claramente que el matrimonio es un pacto: …ella es tu compañera y la esposa de tu pacto. –Mal 2:14. El amor bíblico de pacto es un amor que perdura, sea o no correspondido.
La revelación más dramática del amor de pacto se encuentra en los Profetas. El mensaje de los profetas es principalmente el de un amante apasionado, «Dios», que llama a su esposa infiel, «Israel», para que vuelva a él: …Vuélvanse, vuélvanse de sus malos caminos; pues ¿por qué morirán, casa de Israel? –Ez 33:11. Isaías escribió: Busquen al SEÑOR mientras puede ser hallado; llámenlo en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre injusto sus pensamientos; y vuélvase al SEÑOR, quien tendrá misericordia de él; y a nuestro Dios, porque él perdonará abundantemente. –Is 55:6-7
Aunque Israel se rebeló contra el Señor una y otra vez, vemos que el amor de Dios por ella permanecía constante e inalterado. Dios fue fiel a su promesa del pacto, aunque su novia se arrodillara ante altares paganos. Fue esta cualidad del amor fiel de pacto la que hizo posible la venida de un Redentor. Dios hizo una promesa en el huerto del Edén: Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu descendencia y la descendencia suya; esta te herirá en la cabeza, y tú la herirás en el talón. –Gn 3:15. Esta promesa se cumplió en Cristo unos cuatro mil años después.
El día de nuestra boda prometemos amarnos «hasta que la muerte nos separe». Esta es una promesa hecha con fe. Nadie puede saber el día de su boda cuánto podría costarle esa promesa a lo largo de una vida. El costo es irrelevante para el compromiso si hay un amor firme y perdurable, arraigado en la fidelidad eterna de Dios como testigo nuestro.
III. El amor de Cristo abrazó el sufrimiento
Una característica de nuestra generación centrada en sí misma es la idea de que no debería tener que sufrir en una relación. Esto es producto de nuestra sociedad hedonista, que busca el placer. Se abre paso en nuestra cultura anabautista a medida que nos volvemos cada vez más prósperos y que las líneas de separación entre nosotros y el mundo se vuelven cada vez más difusas. El resultado de esta mentalidad es que los jóvenes se casan pensando que «mi pareja me servirá y podré vivir como un príncipe o una princesa».
Nuestra fe y herencia anabautistas se han preservado hasta nuestros días gracias a hombres y mujeres que entendieron que una relación con Cristo implica llevar la cruz. Abundan las historias de familias que abandonaron su tierra natal y todo lo que tenían por causa del Evangelio.
El concepto de abrazar el sufrimiento en una relación se enseña claramente en la epístola de Pedro. Pedro escribía a una iglesia que soportaba el fuego abrasador de la persecución. Los animaba a considerar el ejemplo de Cristo, que sufrió por una causa ajena a sí mismo. Puesto que Cristo padeció por nosotros en la carne, ármense también ustedes del mismo pensamiento… –1 P 4:1. En el capítulo dos, Pedro escribe: Porque esto merece aprobación, si alguno por causa de la conciencia delante de Dios soporta agravios padeciendo injustamente. –1 P 2:19. Unos versículos después afirma: Pues para esto fueron llamados, porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigan sus pasos: –1 P 2:21.
Después de llamarnos en el capítulo dos a estar dispuestos a imitar el ejemplo de sufrimiento de Cristo, Pedro pasa al capítulo tres diciendo: Asimismo ustedes, esposas, sométanse a sus propios esposos, para que, si algunos no obedecen a la palabra, también sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, al observar su conducta casta y respetuosa. –1 P 3:1-2. Los cristianos de todas las épocas han considerado un gran honor sufrir por hacer el bien. Solo en años recientes se ha considerado «maltrato» sufrir por hacer el bien. Hay al menos tres fuerzas que están moldeando de manera negativa nuestra comprensión del sufrimiento.
1. Una sociedad egoísta y en busca del placer
Una ya se describió anteriormente: la sociedad hedonista (la devoción al placer como forma de vida) en la que vivimos.
2. El evangelio de la salud, la riqueza y la prosperidad
Una segunda fuerza es el evangelio de la salud, la riqueza y la prosperidad de muchas iglesias evangélicas. La implicación es que, si elegimos seguir a Cristo, nuestras vidas rebosarán de bienestar físico y abundancia material. Esta comprensión se basa en las promesas hechas al antiguo Israel en el Antiguo Testamento de una tierra que mana leche y miel. Creemos que esta promesa se cumple en la era de la iglesia con una vida que rebosa del fruto del Espíritu: amor, gozo, paz, etc. Es posible que estos frutos abunden en medio del sufrimiento. De hecho, cuando otros observan fruto en medio del sufrimiento de otra persona, es cuando más se nota y más se aprecia.
3. El movimiento feminista
La tercera influencia que hoy moldea nuestra perspectiva sobre el sufrimiento proviene del movimiento feminista, que declara audazmente que ninguna mujer debería sufrir ni experimentar privaciones de ningún tipo en el matrimonio. Por eso tenemos una sociedad de mujeres con sus propias carreras, que cobran su propio sueldo y mantienen su propia cuenta bancaria. ¡Qué diferente es esto del testimonio de mujeres de fe como Sara, quien …obedeció a Abraham, llamándolo señor; de ella ustedes son hijas, si hacen el bien y no tienen miedo de ninguna amenaza. –1 P 3:6
Cristo inició el sufrimiento en beneficio de una relación, y miles de cristianos fieles lo han imitado a lo largo de la era de la iglesia. Las palabras del apóstol Pedro y el testimonio de cristianos fieles nos desafían a abrazar el sufrimiento como insignia de la autenticidad de nuestra fe.
IV. Cristo amó con un amor santificador
El plan de Dios al crearnos era que fuéramos santos como él es santo, para que pudiéramos experimentar una comunión íntima con él. Pero la humanidad se rebeló contra Dios, así que él prometió un redentor. Mientras tanto, introdujo un plan alternativo destinado a impedir que la humanidad se destruyera a sí misma: «la Ley».
Sin embargo, nunca fue la intención de Dios que nuestra relación con él se rigiera por la ley. Él desea una relación de amor con nosotros, así que nos envió a su Hijo y nos colmó con su amor. Ahora correspondemos a su amor, no por temor al juicio, sino como respuesta amorosa a su amor que nos impulsa. Este concepto se expresa con mayor claridad en Romanos: Porque lo que la ley no podía hacer, por cuanto era débil por la carne [limitada a lo que podía lograrse en la carne], Dios, enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado, y por el pecado, condenó al pecado en la carne [satisfizo las justas exigencias de la ley], para que la justicia de la ley [el cumplimiento pleno y completo de la ley] se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. –Ro 8:3-4
Jesús logró mediante el amor lo que jamás podría lograrse mediante las estrictas exigencias de un código penal. Elevó el estándar de justicia. Porque les digo que, si su justicia no supera la de los escribas y fariseos, de ninguna manera entrarán en el reino de los cielos. –Mt 5:20. Nos mostró cómo vivir y cómo amar. Su muerte sacrificial satisfizo las exigencias penales de la ley. Mediante su resurrección, ascensión y el derramamiento del Espíritu Santo, ha capacitado a los creyentes para vivir y amar como él lo hizo.
Pablo nos exhorta a relacionarnos de esta misma manera en el matrimonio: Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo también amó a la iglesia y se entregó por ella, para santificarla y limpiarla con el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo como una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin defecto. –Ef 5:27. Jesús vino a la tierra para asegurar una novia para sí. Ella no era una novia hermosa y radiante que esperaba con ansias su llegada. Estaba desfigurada por el pecado y vivía en rebelión contra él: Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron. –Jn 1:11. Mediante su amor paciente y persistente, transformó a su novia en una novia gloriosa y radiante que lo contempla con reverencia y lo adora y venera con alegría.
¿Tiene manchas y arrugas su esposa? ¿Hay algunas actitudes que desearía que fueran diferentes? ¿O hay temores e inseguridades que limitan su libertad y alegría? Usted podría exigir que cambie y reprenderla por no estar a la altura de sus expectativas. Este enfoque sería comparable al de la ley. Serviría para acentuar sus limitaciones y aumentar sus ansiedades. O podría amarla a pesar de sus manchas y arrugas. Con palabras de compasión y ánimo, podría motivarla a superar sus temores, así como Cristo santifica a su novia mediante su palabra. Jesús demostró que el amor puede lograr lo que las exigencias severas nunca podrán. Pablo enseñó que este es un principio fundamental del matrimonio. Está destinado a ser una relación en la que la fuerza que impulsa sea el amor.
V. El gran misterio
Pablo concluyó su tratado sobre el matrimonio diciendo: Este es un gran misterio; pero yo hablo con respecto a Cristo y a la iglesia. –Ef 5:32. En el lenguaje bíblico, un misterio no es algo que no pueda comprenderse, sino algo que solo pueden entender quienes reciben y abrazan la Verdad por fe. Se revela a los cristianos sinceros; permanece velado para los demás.
Como creyentes en Jesús, tenemos el privilegio de comprender una perspectiva del matrimonio que muchos ni siquiera pueden empezar a comprender: que el amor sacrificial abre la puerta a la intimidad; que el amor de pacto es la clave para una plenitud duradera; que nuestra disposición a sufrir por la relación demuestra la autenticidad de nuestro amor; y, finalmente, que la manera más eficaz de acelerar el cambio en nuestro cónyuge es el amor incondicional.
Estos principios han sido probados por el tiempo y se basan en la Biblia. Son fundamentales para el Evangelio y forman parte esencial de nuestra teología anabautista basada en el reino. Cuando se aplican fielmente, transformarán cualquier matrimonio.



