Me maravilla ver cómo Dios usa a Su pueblo a lo largo de la historia para traer gloria a Su nombre. Él usa lo débil para confundir a los sabios; las cosas humildes para dejar sin efecto la sabiduría de los sabios terrenales. ¡Dios usa la debilidad física, las dificultades, la pérdida, el dolor, el trabajo y el sufrimiento para aumentar nuestros tesoros espirituales y edificar Su Reino aquí en la tierra!
Este himno llegó a ser precioso para mi familia y para mí hace varios años mientras aguardábamos el nacimiento de nuestro cuarto bebé con dificultades genéticas. Sabíamos que no podría quedarse con nosotros por mucho tiempo. Falleció con apenas tres días de nacido. Tras investigar sobre este himno, me sorprendió descubrir que el hombre cuya historia inspiró este himno había perdido ocho de sus nueve hijos.
La historia de este hombre es notable. Sus 61 años en la tierra estuvieron marcados por el dolor y la pérdida, la persecución y el encarcelamiento. Sin embargo, su dedicación a Cristo fue sobresaliente, y su celo por Dios y por predicar el evangelio no menguaron hasta su último día.
Samuel Rutherford, hijo de un próspero agricultor, nació en el año 1600. Su vida comenzó en la pequeña aldea de Nisbet, Escocia. Al asomarnos a su vida, notamos la mano de Dios obrando en los primeros años de Samuel. Con apenas tres años, jugaba con sus amigos cuando cayó al pozo del pueblo. Su hermana y amigos corrieron a pedir ayuda. Cuando regresaron, encontraron a un muy mojado Samuel sentado en la hierba junto al pozo. Le preguntaron cómo había salido, y él respondió: "Un hombre blanco y hermoso vino y me sacó del pozo." Su familia creyó que Dios envió un ángel para rescatarlo aquel día.
Por lo que sabemos de Samuel Rutherford, tuvo dos hermanos y una hermana. Fue enviado a la escuela de pequeño, y se volvió un estudiante muy aplicado. Aprendió latín y griego tan bien que finalmente llegó a ser profesor. Se casó con Eupham Hamilton alrededor de 1624, poco después de que comenzó a enseñar en la Universidad de Edimburgo. En ese tiempo, Samuel aún no había sido convertido y sólo se preocupaba por perseguir sus metas académicas.
En 1626, a la edad de 26 años, Samuel llegó a una fe clara y salvadora en el Señor Jesucristo. Dijo: "¡Oh, pero Cristo tiene un ojo que salva. Cuando Él me miró por primera vez fui salvo. No le costó más que una mirada para hacer que el infierno me dejara en paz!" Desde ese momento estuvo lleno de pasión por predicar y hablar de su Salvador. Este cambio de vida causó tal revuelo en la universidad que Rutherford terminó renunciando a su cátedra.
En 1627, Samuel llevó a su esposa y a dos hijos pequeños a Galloway, Escocia, donde comenzó a pastorear la pequeña iglesia de Anwoth. Al comenzar su ministerio allí dijo: "He recibido la comisión del Maestro real y principesco, mi Señor Jesús, para predicar a Cristo al pueblo." Su pasión era la conversión de la gente, y se dice que parecía estar siempre orando, siempre predicando, siempre visitando a los enfermos, siempre enseñando e instruyendo, siempre escribiendo o estudiando. El celo con que predicaba y su preocupación por el bienestar de su congregación tuvieron un gran efecto en ellos. No sólo en ellos; gente de los pueblos y aldeas circundantes venía a escuchar su predicación. Un amigo contó una vez: "Muchas veces pensé que habría volado fuera del púlpito cuando venía a hablar de Jesucristo."
Samuel no estuvo ajeno al dolor y al duelo. En 1631, sólo cuatro cortos años después de comenzar su trabajo como pastor, su esposa falleció. Sus dos hijos también enfermaban y dejaron este mundo. En 1636, tras nueve años de predicación, fue desterrado a Aberdeen, donde se le prohibió predicar el evangelio. Fue un tiempo muy difícil para él, pues extrañaba profundamente a su esposa e hijos, así como a su congregación, la Iglesia de Anwoth. Este período de su vida es, en verdad, una razón por la que es tan recordado, porque comenzó a escribir cartas de vuelta a su gente de iglesia y a sus amigos. De las 365 cartas que escribió, 220 de ellas fueron escritas durante estos 22 meses de destierro.
El gobierno eventualmente cambió de manos, lo que dio más libertad a los disidentes covenanters. Entonces Rutherford regresó rápidamente a su amada grey en Anwoth. Un año después, en el otoño de 1639, de nuevo dejó a regañadientes Anwoth, pero esta vez para cumplir un nombramiento como Profesor de Divinidad en el St Mary's College en St. Andrews. Este cambio fue difícil para él, pues de nuevo extrañaba profundamente a su congregación. Escribe: "Mi separación de mi grey me pesa tanto, que hace mi vida una carga; nunca tuve tal anhelo de la muerte. El Señor ayude y sostenga esta triste carne."
Tras cinco meses en su nueva posición y habiendo estado solo casi diez años, el Samuel de 40 años se casó con Jean McMath. Juntos tuvieron siete hijos. Lamentablemente, seis de ellos murieron en la infancia o en la niñez temprana. Sólo una hija llamada Agnes sobrevivió hasta la edad adulta.
Rutherford continuó siendo un líder influyente en el movimiento disidente en Escocia durante los siguientes 20 años, hasta 1660. Con la muerte de Cromwell, el gobierno del commonwealth llegó a su fin y Carlos II fue restaurado en el poder. Una vez más, la ira de la monarquía cayó sobre Samuel. Fue citado a comparecer ante el juez y acusado de alta traición contra el gobierno por predicar la verdad. Fue encarcelado a la espera de ejecución. Sin embargo, antes de que el rey pudiera darle la muerte, Samuel cayó gravemente enfermo. Dijo: "Ya tengo un citatorio de un Juez superior, y debo responder a mi primer citatorio y cuando llegue vuestro día estaré donde pocos reyes y personas grandes vienen."
Tarde en la tarde del último día de su vida, en respuesta a la pregunta: "¿Qué pensáis ahora de Cristo?" respondió así: "¡Oh, que todos mis hermanos en la tierra sepan qué Maestro he servido, y qué paz tengo este día! Dormiré en Cristo, y cuando despierte, estaré satisfecho con Su semejanza. Esta noche se cerrará la puerta, y pondrá mi ancla dentro del velo, e iré lejos en un sueño a las cinco de la mañana. ¡Gloria! ¡gloria a mi Creador y a mi Redentor por siempre! Viviré y le adoraré. ¡Oh, por brazos para abrazarle! ¡Oh, por un arpa bien afinada! ¡Gloria! ¡la gloria mora en la tierra de Emanuel!" Estas palabras fueron oídas por su esposa, su hija y amigos, y de hecho estuvo con su Señor a las cinco de la mañana.
Casi dos siglos después, Annie Ross Cousin, poetisa y escritora de himnos escocesa y esposa de un ministro, fue inspirada por la vida y los escritos de Samuel Rutherford. Ella resumió su vida en un himno biográfico, "The Sands of Time are Sinking". Este himno fue publicado por primera vez en 1857 en el Christian Treasury. De las diecinueve estrofas originales, sólo cuatro se usan en nuestros himnarios. (en copia en negrita)
The sands of time are sinking,
The dawn of heaven breaks,
The summer morn I’ve sighed for,
The fair, sweet morn awakes:
Dark, dark hath been the midnight,
But dayspring is at hand,
And glory—glory dwelleth
In Immanuel’s land.
2. Oh! well it is forever,
Oh! well forevermore
My nest hung in no forest
Of all this death-doomed shore!
Yea, let the vain world vanish,
As from the ship the stand,
While glory—glory dwelleth
In Immanuel’s land.
3. There the Red Rose of Sharon
Unfolds its heart-most bloom.
And fills the air of Heaven
With ravishing perfume;
Oh, to behold its blossom,
While by its fragrance fann’d
Where glory—glory dwelleth
In Immanuel’s land.
4. The King there in His beauty,
Without a veil is seen:
It were a well-spent journey
Though seven deaths lay between:
The Lamb with His fair army,
Doth on Mount Zion stand;
And glory—glory dwelleth
In Immanuel’s land.
5. Oh! Christ He is the fountain,
The deep sweet well of Love!
The streams on earth I’ve tasted,
More deep I’ll drink above;
There, to an ocean fullness,
His mercy doth expand,
And glory—glory dwelleth
In Immanuel’s land.
6. E’en Anwoth was not heaven—
E’en preaching was not Christ;
And in my sea-beat prison
My Lord and I held tryst:
And aye my murkiest storm-cloud
Was by a rainbow spann’d,
Caught from the glory dwelling
In Immanuel’s land.
7. But that He built a heaven
Of His surpassing love,
A little New Jerus’lem,
Like to the one above,—
“Lord, take me o’er the water,”
Had been my loud demand,
“Take me to love’s own country,
Unto Immanuel’s land.”
8. But flowers need night’s cool darkness,
The moonlight and the dew;
So Christ, from one who loved it,
His shining oft withdrew;
And then, for cause of absence,
My troubled soul I scann’d—
But glory, shadeless, shineth
In Immanuel’s land.
9. The little birds of Anwoth,
used to count them blest,—
Now, beside happier alters,
go to built my nest:
O’er these there broods no silence,
No graves around them stand,
For glory, deathless, dwelleth
In Immanuel’s land.
10. Fair Anwoth by the Solway,
To me thou still art dear!
E’en from the verge of Heaven
I drop for thee a tear.
Oh! if one soul from Anwoth
Meet me at God’s right hand,
My Heaven will be two Heavens,
In Immanuel’s land!
11. I’ve wrestled on towards Heaven,
‘Ganst storm, and wind, and tide;—
Now, like a weary traveler,
That leaneth on his guide,
Amid the shades of evening,
While sinks life’s ling’ring sand,
I hail the glory dawning
From Immanuel’s land.
12. Deep waters cross’d life’s pathway,
The hedge of thorns was sharp;
Now these lie all behind me,—
Oh, for a well-tuned harp!
Oh, to join Hallelujah
With yon triumphant band,
Who sing where glory dwelleth
In Immanuel’s land!
13. With mercy and with judgment
My web of time He wove,
And aye the dews of sorrow
Were lustered with His love!
I’ll bless the hand that guided,
I’ll bless the heart that plann’d,
When throned where glory dwelleth
In Immanuel’s land.
14. Soon shall the cup of glory
Wash down earth’s bitterest woes,
Soon shall the desert brier
Break into Eden’s rose:
The curse shall change to blessing–
The name on earth that’s bann’d,
Be graven on the white stone
In Immanuel’s land.
15. Oh! I am my Beloved’s,
And my Beloved’s mine!
He brings a poor vile sinner
Into His “house of wine:”
I stand upon His merit,
I know no other stand,
Not e’en where glory dwelleth
In Immanuel’s land.
16. I shall sleep sound in Jesus,
Fill’d with His likeness rise,
To live and to adore Him,
To see Him with these eyes:
‘Tween me and resurrection
But Paradise doth stand;
Then—then for glory dwelling
In Immanuel’s land!
17. The bride eyes not her garment,
But her dear Bridegroom’s face;
I will not gaze at glory,
But on my King of Grace—
Not at the crown He giveth,
But on His pierced hand:
The Lamb is all the glory
Of Immanuel’s land.
18. I have borne scorn and hatred,
I have borne wrong and shame,
Earth’s proud ones have reproach’d me,
For Christ’s thrice blessed name:
Where God His seal set fairest
They’ve stamp’d their foulest brand;
But judgment shines like noonday
In Immanuel’s land.
19. They’ve summoned me before them,
But there I may not come,—
My Lord says, “Come up hither,”
My Lord says, “Welcome home!
My King now at His white throne,
My presence doth command,
Where glory—glory dwelleth
In Immanuel’s land.
La fina melodía complementaria para este texto fue compuesta a principios del siglo XIX por un músico francés, Chretien D`Urhan. Está bien ajustada a las palabras del himno—su tempo solemne coincide con la solemnidad de las palabras. La línea melódica ascendente de la última frase coincide perfectamente con el gozo anticipado expresado por el estribillo—"And glory, glory dwelleth in Immanuel's land."
Al concluir esta historia del himno, sigamos maravillándonos de la providencia de Dios en las vidas de los que nos han precedido. ¡Que sigamos a Cristo con todo el corazón y seamos vasijas listas para el uso del Maestro! Una última cita de Samuel Rutherford para llevar con nosotros. "They lose nothing who gain Christ."
La información para este artículo se obtuvo de 101 Hymn Stories, A Treasury of Hymns, Crichbaptist.org.



