—¿Cómo se está vendiendo el nuevo plan de estudios? —preguntó Sandra, rodeando su taza de café con las manos.
—Va lento —respondió Abby—. Necesito hacer más publicidad, pero ahora que el producto está terminado, me resulta difícil promocionarlo.
—¿Qué pasa? —preguntó Sandra. Abby había pasado años desarrollando un plan de estudios para niños con necesidades especiales. Su pasión y dedicación al proyecto eran admirables, pero ahora su entusiasmo parecía apagado.
—Bueno —dijo Abby despacio—. Siento que mi compañera de trabajo me critica constantemente. «El diseño de la portada es de mal gusto; hay un error ortográfico en la página 11». Debería haber dicho esto, aquello y lo otro. Mi asesora del proyecto quiere que trabaje en la publicidad, pero cada vez que avanzo, me dice que hice algo mal.
—¿Te parece que podría ser por celos? —preguntó Sandra.
—No lo había pensado. Me estoy quedando en segundo plano, pero eso no ayuda. Me siento paralizada y no sé qué hacer.
Sandra asintió. —Es difícil ser quien recibe los celos de otra persona. Pero es peor ser quien siente celos. Yo he pasado por eso. Es horrible.
—¿Cómo lograste superarlo? —preguntó Abby—. Ahora no pareces una persona celosa.
—Fue una de las ideas de un sermón —respondió Sandra—. El ministro dijo: «Si sientes una actitud crítica hacia alguien que se está alegrando, es probable que estés luchando contra los celos». No recuerdo qué más dijo —se rio Sandra—, pero supe que había identificado mi problema. A menudo me costaba alegrarme por mis compañeras. No me daba cuenta de que la raíz del problema eran los celos.
—Tiene sentido —respondió Abby.
—Es más difícil que los celos echen raíces si enfrento enseguida los pensamientos negativos —respondió Sandra—. Es una batalla que vale la pena librar. Soy más feliz cuando puedo «gozarme con los que se gozan», como dice la Biblia que debemos hacer.
—Quizás mi compañera de trabajo esté lidiando con pensamientos negativos sobre el éxito, más que sintiéndose molesta conmigo —reflexionó Abby.
—Probablemente sea así —respondió Sandra—. Trata de disipar sus temores para que puedan trabajar juntas de manera productiva. No reacciones a su comportamiento.
Al igual que Sandra, yo también he tenido pensamientos críticos cuando mis compañeras compartían buenas noticias o cuando me fijaba en sus logros. Si no freno enseguida esa pizca de celos, me impide alegrarme por los demás.
La Biblia describe la crueldad de la envidia y los celos. Los celos son crueles como el sepulcro. (véase Cantares 8:6). La envidia es carcoma de los huesos —Proverbios 14:30. Y cruel es la ira, e impetuoso el furor; mas ¿quién podrá sostenerse delante de la envidia? —Proverbios 27:4. Los celos son sumamente sutiles. Pueden ocultarse bajo un aura de piedad. Este sentimiento no solo tiene el potencial de destruir mis relaciones actuales, sino también las de mis hijos y nietos.
Las mujeres no deciden tener celos. No dicen: «Hoy voy a sentir celos». A menudo es difícil precisar cuándo entran los celos en el corazón, o incluso si están allí. Pero si nos cuesta alegrarnos por los demás, quizás sea hora de escudriñar nuestra alma. Estamos preparadas para luchar contra los celos cuando entendemos cómo y dónde prosperan: en el corazón de cada una de nosotras.
Las compañeras ponen a prueba nuestra capacidad de alegrarnos
Por lo general, no envidiamos a las personas con quienes no tenemos una relación cercana. Mujeres de todo el mundo se casan, tienen bebés o se mudan a una casa nueva, y apenas nos damos cuenta. Pero es difícil alegrarnos cuando quienes están cerca de nosotras por la época, el lugar, la edad o la reputación disfrutan de bendiciones que deseamos. Más de una vez, una llamada jubilosa que anunciaba un hito puso a prueba mi determinación de alegrarme con una amiga que se alegraba. Dios comprende la lucha y me guía a descansar y aceptar.
Reconoce los celos
La definición de celoso es: «Sentir o mostrar envidia de alguien, de sus logros o de sus ventajas». Los celos se manifiestan de muchas maneras, como el ansia de copiar a una compañera. Los celos menosprecian los logros de otra persona y tratan de controlar lo que los demás piensan de ella. Los celos se regodean en las angustias y los fracasos de los demás, mientras se recrean en una burbuja espiritual. Las personas celosas mantienen en plena actividad la maquinaria de los rumores al alimentarla con verdades tergiversadas.
Protege tus pensamientos
Los celos comienzan en la mente. Darle vueltas a una sospecha o envidiar a otra persona distorsiona la verdad. Esto es peligroso, porque lo que percibes como verdad es mentira.
Decidimos que alguien es orgullosa porque llevó un postre exquisito a una comida compartida. O pensamos que una hermana descuida su hogar porque visitó a una mujer en un hogar de ancianos. ¿Por qué? Tendemos a juzgar a los demás por nuestros propios motivos. ¿No son los sentimientos de culpa, la justificación propia o la envidia los que nos llevan a etiquetar de negligente a alguien que visita a los ancianos? No sabemos cuánto tiempo pensó en esa visita ni cómo su esposo hizo posible que fuera. Los pensamientos divisivos convertidos en palabras causan estragos entre las mujeres piadosas. Esto genera trabajo adicional para los líderes de la iglesia y obstaculiza el crecimiento del cuerpo de creyentes.
Acepta esta idea: «La vida no es justa»
A veces alguien tendrá algo que deseas. Por otro lado, habrá ocasiones en que tú tendrás algo que otra mujer desea. «La vida no es justa» es una realidad que no podemos cambiar; solo podemos ajustar nuestra actitud.
Había amigas de la misma iglesia que tenían, cada una, una hija en edad de empezar a salir con alguien. Como suele suceder, una hija empezó a salir con alguien y se casó mucho antes de que la otra comenzara un noviazgo. La madre de la joven soltera decidió que se alegraría con su amiga y con la hija de esta. Como resultado, las madres siguen siendo amigas, las jóvenes son amigas y es probable que sus hijos también sean amigos.
Cuenta tus bendiciones
Mirar las bendiciones de los demás y hacer comparaciones dificulta sentirse feliz y satisfecha. El apóstol Pablo nos advierte: …pero ellos, midiéndose a sí mismos por sí mismos, y comparándose consigo mismos, no son juiciosos —2 Corintios 10:12. Las mujeres que no aprecian lo que ya tienen no serán felices. Tampoco se alegrarán de corazón con los que se alegran.
Conoce quién eres en Cristo
Los celos nacen de sentimientos de temor e inseguridad. Dios te creó para su honra y gloria. No hay necesidad de competir; más bien, debemos estar satisfechas sabiendo quiénes somos en Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas —Efesios 2:8-10.
Ten amigas, no rivales
Quizás dudemos en admitir que tenemos una rival, pero eso es lo que una amiga llegará a ser si no somos capaces de celebrar las bendiciones de su vida. Ora por ella regularmente y pídele a Dios que la bendiga. Dejar de lado las sospechas y hacer algo amable por ella ayudará a disipar los sentimientos negativos que has desarrollado.
La Escritura es clara acerca de la enemistad hacia nuestro hermano (o hermana): El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas. El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo. Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos —1 Juan 2:9-11.
Reemplaza los celos con gratitud y satisfacción
Los pensamientos negativos llegan sin que los invitemos, pero podemos decidir si se quedan o se van. Aprende a dirigir tu atención hacia la verdad. Filipenses nos ofrece un excelente modelo: Por lo demás, hermanos [y hermanas], todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad —Filipenses 4:8.
Cuando estemos en paz con Dios, con nosotras mismas y con las demás mujeres, estaremos satisfechas con nuestras capacidades y con las circunstancias en las que Dios nos ha puesto. Al centrar nuestra atención en Dios, encontraremos gozo y el poder de alegrarnos con los que se alegran.



