La iglesia primitiva, en tiempos de antaño,
deseaba anunciar
al pecador acerca de Jesucristo,
del cielo y del infierno.
En verdad, no eran almas perfectas,
pero amaban a su Señor;
y se esforzaban por cumplir este mandato
pese al peligro y la espada.
Cuantas más personas convertían,
más crecía la tensión.
Los malvados gobernantes del país
no sabían qué hacer.
A muchos los quemaron en la hoguera,
a algunos los encerraron en frías mazmorras,
porque difundían el mensaje del Evangelio
con fe y gran valentía.
Aquellos valientes soldados que tanto sufrieron
eran, sin duda, luces resplandecientes,
pero aún veían que hacía falta
hablarles a otros de Dios.
Desde entonces han pasado muchos años;
los cristianos tendemos a decir:
«Sé un ejemplo para el mundo;
no hace falta indicar el camino».
Pero si este punto de vista fuera cierto,
quisiera saber:
como la iglesia de tiempos de antaño,
¿por qué no crece nuestra iglesia?
¿Será que en Estados Unidos
se ha apagado el fuego?
Si la fe es buena, ¿por qué no la compartimos
como los santos de antaño?
En otras tierras, hoy mismo,
el fuego arde con intensidad,
porque allí los cristianos son fervorosos
y luchan con vigor.
Mientras damos gracias a Dios por la libertad que tenemos,
ellos alaban en las alturas a su Señor.
Y le dan gracias porque, por causa de Jesús,
sufren y mueren.
Así que, mientras los mártires de otras tierras
derraman su sangre por Dios,
si nosotros también difundiéramos la Palabra de Dios,
nuestra sangre mancharía nuestra tierra.
¿Es una bendición de nuestro Dios
que nuestro país sea libre?
¿O será porque no somos una «amenaza»
para la sociedad?
¿Nos avergonzamos o no tenemos tiempo?
Queridos amigos, el momento se acerca.
Si no llevamos a la gente a Dios,
la población morirá.
Así que, para concluir, amigos, sigamos
el camino que recorrió Jesús,
mostrándoles a las almas perdidas el camino estrecho
que lleva a las personas de vuelta a Dios.
– Darren Brubaker


