Porque Cristo no me envió a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo. Porque la predicación de la cruz es locura para los que se pierden; pero para los que se salvan, para nosotros, es poder de Dios. …a Dios le plació salvar a los creyentes por la necedad de la predicación –1 Corintios –1:17-21.
El mundo cristiano moderno ha aceptado debidamente muchos de los humildes vehículos que Dios usó para introducir el Reino. El nacimiento virginal, el pesebre toscamente tallado y las mantas para envolver al niño se han convertido en monumentos soberanos de los que apenas podríamos prescindir. Incluso el rústico burro es apreciado el Viernes Santo y la vieja y áspera cruz se ha convertido en un emblema espiritual que se exhibe nominalmente en cadenas para el cuello y tallas ornamentales en púlpitos. Mientras el hombre continúa enamorado de los símbolos tradicionales del evangelio, permanece una vía absurda escogida por Dios que cada vez es más despreciada.
Durante siglos, el Evangelio fue proclamado por hombres necios e iletrados (según sus contrapartes élite e intelectuales). La verdad bíblica dicha con simplicidad fue suficiente por sí misma para que el Espíritu Santo de Dios la usara para convertir al pecador. Si bien hoy no falta predicación, parece que gran parte de ella es de un tipo distinto al formato original que Cristo ejemplificó. Si alguien hubiera sido capaz de articular un floreo de oratoria en un lenguaje filosófico preciso, habría sido el apóstol Pablo. Sin embargo, se negó a predicar el evangelio de esa manera, …para que no se haga vana la cruz de Cristo –1 Corintios 1:17. Predicó con cuidado, para que el éxito no se atribuyera a la fuerza del arte, y no a la verdad misma.
Pablo había sido formado en el aprendizaje judío a los pies de Gamaliel y dominaba tanto el hebreo como el griego, pero al predicar la cruz de Cristo, dejó de lado su erudición. Pronunció las palabras del Evangelio en un lenguaje desprovisto de poder humano, para que la honra perteneciente a Cristo no quedara eclipsada por su propio poder personal. Porque dicen sus cartas que son ponderosas y fuertes; pero su presencia corporal es débil, y su palabra despreciable –2 Corintios 10:10. Es aquí donde la iglesia moderna ha desdeñado los escasos vehículos escogidos por Cristo y los apóstoles, desviándose hacia una ruta más aceptable en nuestros días. La eficiencia contemporánea exige una ruta más directa al fin, y si la Biblia no la prohíbe, sentimos que es nuestra prerrogativa emplearla.
Si bien podrían mencionarse películas evangélicas, conciertos de música y una serie de otros escenarios cuestionables de ministerio, deseo hablar principalmente del sistema moderno de invitación conocido como el “llamado al altar”. Aunque comúnmente se asocia con las “reuniones a la antigua” de los últimos dos siglos, es en realidad moderno debido a que durante casi diecinueve siglos nadie había oído hablar de la práctica. Evangelistas como George Whitefield, Jonathan Edwards e incluso John Wesley nunca habían oído hablar de tal costumbre. Incluso Charles Spurgeon (venerado como el “Príncipe de los Predicadores”) la criticó con severidad y se negó a adoptarla.*
Así, observamos que la práctica no nació en la iglesia apostólica. No se encuentra en el ministerio de Jesús, sus apóstoles, ni siquiera en la iglesia del periodo post-apostólico. Vemos a Jesús y a los apóstoles invitando a hombres y mujeres a venir a Cristo y a ser salvos, pero nunca por medio de este método particular. Entonces, ¿por qué esta práctica se ha vuelto una herramienta tan esencial en la mayoría de las iglesias evangélicas y en muchas anabaptistas hoy en día? La respuesta: resultados pragmáticos. Inmediatamente después del sermón, la congregación canta un himno durante el cual el predicador llama a hombres y mujeres a caminar hacia el frente del auditorio (al “altar”) para tomar una decisión pública por Cristo. La salvación se ofrece a todos los que simplemente vengan al frente y la reciban. Los que vienen a menudo reciben la atención personal de un consejero para orar con ellos y guiarles en la confesión.
Esta práctica fue diseñada para fomentar decisiones y obtener resultados. Y lo hizo. Y con ligeras variaciones, el nuevo método se difundió con creciente popularidad a través de Charles Finney, y más tarde Dwight L. Moody, y finalmente, en prácticamente todo el evangelicalismo de los siglos XIX y XX. Peter Cartwright, Sam Jones, R. A. Torrey, Billy Sunday, Bob Jones, Gipsy Smith, John R. Rice, Billy Graham y George Brunk emplearon todos el método con éxito impresionante. De este modo, el sistema de invitación se convirtió en la práctica normal aceptada y quienes lo cuestionan a menudo son considerados espiritualmente excéntricos.
¿Por qué habríamos de objetar la práctica si la Escritura no la prohíbe? La respuesta reside en la cuestión de la idoneidad (o pertinencia) del sistema de invitación. Notemos primero que las Escrituras abundan en invitaciones a la salvación. Ofertas tales como, Venid a mí... y yo os haré descansar –Mateo 11:28, y, …Si alguno tiene sed, venga a mí y beba –Juan 7:37, son maravillosas ofertas de vida para los que confiarán en Cristo. Los apóstoles tampoco dudaron en mostrar a Cristo como Salvador a todos los que escucharan su mensaje.
Predicaron indiscriminadamente, Arrepentíos, pues, y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados… –Hechos 3:19, y …os rogamos en nombre de Cristo, reconciliaos con Dios –2 Corintios 5:20. Y testificaron …a los judíos y también a los griegos, arrepentimiento para con Dios y fe para con nuestro Señor Jesucristo –Hechos 20:21. Con todo esto, todo cristiano no solo debería estar de acuerdo sino también regocijarse.
Finalmente, …forzadlos a entrar, para que se llene mi casa –Lucas 14:23, es otro versículo bíblico que podría usarse para respaldar el método del llamado al altar. Aun así, esto no dice nada que reforzara la corrección del llamado al altar. Al examinar la práctica en sus raíces, no podemos menos que observar algunas deficiencias:
…Extrabíblico
Esto no es un reproche hacia las multitudes que han hallado salvación en tal evento. Los ángeles en el cielo se regocijan por el arrepentimiento de todo pecador sin importar cómo haya llegado allí. Simplemente deseamos sostener la simplicidad de la necedad de la predicación para salvar a los creyentes. El llamado al altar se utiliza como una adición específica al sermón para llevar a buen término aquello que la necedad de la predicación por sí sola no pudo lograr.
El llamado al altar ganó popularidad en la década de 1830 con la predicación de Charles G. Finney, quien escribió: “Un avivamiento no es un milagro, ni depende de un milagro, en ningún sentido. Es un resultado puramente filosófico del uso correcto de los medios constituidos.” ** No podemos acusar a todos los que practican el llamado al altar de creer esto, pero resulta revelador que el predicador que lo popularizó pareciera igualarlo más a una ecuación matemática que a una intervención divina.
Cuando la verdad cae en la tierra de un corazón bueno y honrado, la semilla verdaderamente arraiga y produce fruto. Esta semilla de la verdad no necesita aderezo artificial. Resplandece con la mayor majestad en su propia luz y prevalece en el mundo por su autoridad divina. Es una demostración del Espíritu, sin necesidad de invención o intervención humana. La predicación llana de un Cristo crucificado es más poderosa que toda la oratoria, la filosofía y los modos conmovedores del mundo.
…Impulso emocional
El llamado al altar exige que un buscador deje su asiento y camine al frente para obtener el perdón. Estas invitaciones a menudo van precedidas de relatos profundamente conmovedores, historias tristes o testimonios que agitan las emociones hacia el temor, la culpa o el remordimiento. Flanqueadas por un himno suave cantado por la congregación, las emociones están maduras para avanzar. Aquellos que eligen arrepentirse desde su asiento sin responder suelen ser considerados como “perdiendo una oportunidad”.
Y estos son los que son sembrados sobre la tierra pedregosa; los que, cuando han oído la palabra, la reciben al momento con gozo; y no tienen raíz en sí mismos, sino que duran un tiempo; después que viene la aflicción o la persecución a causa de la palabra, luego se ofenden –Marcos 4:16-17. Nos negamos a deducir que todos los que fueron convertidos bajo este tipo de ministerio sean oidores de tierra pedregosa. Sin embargo, la gran mayoría de los que la reciben en un ambiente emocional tan cargado a menudo tendrán una conversión menos que sincera.
Una vez tuve un cliente entusiasta en mi taller que me informó que su iglesia había patrocinado un ministerio evangelístico nacional para predicar en la escuela secundaria pública. “¡Hubo más de 400 decisiones por Cristo!” Aunque todos deseamos regocijarnos con los ángeles, no se puede menos que cuestionar cuántos de ellos seguían en la iglesia un año después. Si bien la falta de compromiso verdadero puede no recaer únicamente en el uso del llamado al altar, podemos estar seguros de que la semilla tan pronta a brotar sin duda se manifestará en los fondeaderos de una invitación emocional. Los que no tienen raíz habrían hecho mejor en no responder prematuramente.
Las conversiones forjadas por canales emocionales suelen ser dudosas y transitorias. Las inspiraciones del Espíritu Santo no necesitan fuerza, sabiduría o esfuerzos humanos para hacerse presente. Métodos de avivamiento como gritos, llantos manifiestos, música que provoca emoción y el relato de historias sentimentales son el arte hecho por el hombre de predicar. También se encuentran en muchos otros escenarios públicos diseñados para provocar una respuesta predeterminada del oyente. Cada una de estas dimensiones es bastante natural al comportamiento humano y, a veces, puede haber una delgada línea entre lo aceptable y lo inaceptable en la predicación. Debe tenerse gran cuidado para no crear un clímax emocional y eclipsar el mensaje de manera desproporcionada, no sea que el poder sea de los hombres y no de Cristo.
…Invasión de la autoridad parental y de la iglesia local
Los niños suelen ser un objetivo en ese momento. Pueden sentirse culpables por alguna travesura infantil, pero un mensaje encendido seguido de súplicas emotivas puede resultar muy perturbador. Estos son momentos en los que un padre debería hablar al corazón de su hijo y conectarse de forma espiritual. En cambio, a menudo el niño es llevado al frente y se le asigna un consejero de la iglesia para que derrame su confesión.
Conozco a una mujer cuyo padre fue un predicador itinerante evangélico. Ella afirma haber respondido “cientos de veces” al llamado al altar. Una evaluación casual y honesta revelaría que si bien el llamado al altar puede dar inicio a muchas conversiones sinceras, también sirve por igual a una multitud de decisiones prematuras y compromisos producto de la presión. Esto deja a menudo a muchas almas inestables revolcándose en la inestabilidad espiritual y luchando con la falta de seguridad de la salvación durante años.
Pues aunque tengáis diez mil pedagógos en Cristo, no tenéis muchos padres; porque en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio. Por tanto os ruego que seáis imitadores de mí –1 Corintios 4:15-16. Dios ha ordenado que haya padres y madres para dar a luz a sus hijos, tanto físicos como espirituales.
Seded imitadores de mí, así como yo de Cristo –1 Corintios 11:1. El hábil evangelista itinerante no tiene intención de engendrar hijos espirituales ni de hacer seguidores de sí mismo. Esto lo deja a otros, pues ha hallado su don en obligar a la gente a tomar decisiones.
Y os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y que os presiden en el Señor, y que os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra… –1 Tesalonicenses 5:13. Pero debe haber una lealtad dada por Dios hacia esos padres espirituales que trabajan sobre nosotros y nos traen al nacimiento más allá de los muchos instructores en el camino de la vida. La aparición contemporánea de miles de ministerios de “golpe y huida” debería inquietarnos.
Si bien la confesión pública del pecado es obviamente una doctrina importante de Cristo que acompaña a la salvación, estas confesiones pertenecen a las manos de las autoridades espirituales que pueden discernir la situación y ayudar a avanzar el alma frente a las tentaciones venideras. Cuando aquellos que conocen al convertido se involucran personalmente, puede emplearse un examen más completo y honesto para provocar una conversión sincera. Esto sentará las bases para la profunda excavación requerida para asentar el fundamento sobre la Roca y establecer el alma, tanto en el hogar como en la iglesia.
…Fe diseñada
Cuando las personas están continuamente sujetas a escenas de avivamiento, suele existir una expectativa no expresada de que las reuniones son el lugar para hacer negocios con Dios. Esto tiene tendencia a confundir la “fe salvífica” con un “acto salvador”. El énfasis en “venir al frente para recibir a Cristo” confunde el significado de la fe. Cristo es la fuerte consolación, a quien …hemos acudido para alcanzar la esperanza puesta delante de nosotros; la cual tenemos como un ancla del alma, tanto segura como firme… –Hebreos 6:18-19. (énfasis mío)
La invitación de Cristo a …Venid a mí… Mateo 11:28, nunca debe confundirse con “venir al altar” (caminar al frente). La necedad de la predicación es la invitación, y “Cristo” es el destino. El poder de la oratoria no residirá en la dinámica del predicador sino en la verdad del mensaje. Nos volvemos como figuras de papel, sin tener poder alguno en nosotros. Todo poder debe venir de lo alto; todos los métodos usados también deben venir de lo alto. –Watchman Nee ***
El viento sopla donde quiere… Juan 3:8, así también el Espíritu Santo, y el predicador debe contentarse con ello. Confío en que muchos que hacen llamados al altar tienen las mejores intenciones y no desean eludir al Espíritu. Pero la mayoría de las obras realizadas en el ápice de la emoción tienden a ser falaces. Así que la fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios –Romanos 10:17.
Notas finales:
* “Charles Spurgeon, bien conocido por sus habilidades evangelísticas, se negó firmemente a adoptar la práctica de los llamados al altar y la criticó severamente. Consideraba el llamado al altar como un método para forzar decisiones como resultados, pero reconocía su potencial de abuso y peligros.” Llamados al Altar – Bill Brenner
‘Me gustaría ir al cuarto de inquirimiento.’ Me imagino que querrías, pero no estamos dispuestos a satisfacer la superstición popular. Tememos que en esos cuartos los hombres se calienten en una confianza ficticia. Muy pocos de los supuestos convertidos de los cuartos de inquirimiento resultan bien. Ve a tu Dios ahora mismo, incluso donde te encuentras. Arroja tu carga sobre Cristo ahora, antes de mover un centímetro!’ - Súplicas y Aliento – Charles Haddon Spurgeon – 17 ago. 1841
** Qué es un avivamiento de la religión – Charles Grandison Finney – The Belknap Press Of Harvard University Un “Avivamiento de la Religión” presupone una decadencia. Casi toda la religión en el mundo ha sido producida por avivamientos. Dios ha considerado necesario aprovechar la excitabilidad que hay en la humanidad, para producir potentes excitaciones entre ellos, antes de que pueda conducirlos a obedecer. Los hombres son tan perezosos, hay tantas cosas que apartan sus mentes de la religión y que se oponen a la influencia del evangelio, que es necesario levantar una excitación entre ellos, hasta que la marea suba tanto que arrase los obstáculos opuestos. Deben estar tan excitados que rompan sobre estas influencias contrarias, antes de que obedezcan a Dios.
*** Fuerza espiritual vs. fuerza psíquica – Watchman Nee


