¿Es solo cuando el corazón se quiebra,
cuando la confusión a mi alrededor se agita,
que de verdad busco los brazos de mi Salvador
y mi voluntad hacia Él se inclina?
¿Es solo en la oscuridad,
cuando no puedo encontrar mi camino;
o cuando me preguntan algo que no sé,
que pienso en detenerme y orar?
¿Es solo cuando siento
que la fuerza del mal se reúne a mi alrededor
que busco Su protección,
para hallar refugio en Sus brazos?
¡Oh, necio corazón mío!
¿Cómo puedes llamarlo tu mejor amigo
si solo en tus pruebas
dependerás de Él?
También lo necesitas en los buenos tiempos,
quizá con más desesperación;
pues es más fácil olvidar buscarlo
cuando crees ver el camino.
Aun cuando no logres oírlo,
cuando no logres permanecer a Su lado,
Él te oirá cuando clames a Él
y deposites en Él tus preocupaciones.
¡Pero cuánto mejor sería
buscar Su rostro con fervor,
tanto en los tiempos más apacibles de la vida
como en los más difíciles!
Buscar y escudriñar, permanecer a Su lado,
compartir la alegría y el dolor;
lo desconocido está en Sus manos, Él estará a tu lado
ante lo que pueda traer el mañana.



