REMNANT Revista

Asuntos de la iglesia

El drama religioso frente a la verdadera adoración

Número originalThe Heartbeat of The Remnant · Verano 2021 · Volumen 25 · Número 2

Drama religioso: ¿qué es?

Una historia seria representada por actores que interpretan o personifican un diálogo determinado de manera teatral, o un acontecimiento de la vida real con efectos emocionales característicos de una obra teatral, basado en un tema religioso. (American Heritage College Dictionary)

¿Es esto algo que debería preocupar a la iglesia? Sí, debería. Por lo general, parece comenzar en servicios prolongados de «oración y alabanza» entre la escuela dominical y los servicios de la iglesia, o en servicios especiales que no se celebran un domingo por la mañana. Puede incluir presentaciones instrumentales, espectáculos de títeres, obras breves, representaciones teatrales, danzas y películas religiosas.

El drama religioso no es algo nuevo. Se introdujo durante la Edad Media (400 a 1200 d. C.) en forma de representaciones dramáticas con temas religiosos, conocidas como «autos de milagros». Estas obras se corrompieron tanto que la Iglesia católica intentó ponerles fin, pero sin éxito. En 1242, comenzó en Alemania la representación de la Pasión, una obra que representa la muerte de Cristo, y todavía se representa hoy en todo el mundo.

Una observación interesante al mirar hacia atrás en el tiempo es que el drama religioso se introdujo durante el período más oscuro de la historia (la Edad Media), pero la iglesia salió de esta larga época de decadencia moral mediante la predicación llena del Espíritu, basada en la Biblia y centrada en el Nuevo Pacto, del avivamiento anabaptista durante la Reforma.

I. Por qué el drama viola la verdadera adoración

a. El drama viola la ley de oír.

En el ámbito espiritual, ver no es tan importante como oír (2 Corintios 4:18). Las palabras oír, oye y oyó aparecen más de 1000 veces en la Biblia. De hecho, toda la Biblia es Dios hablándole al hombre. ¡Él quiere que la humanidad oiga! «Así dice el Señor» es una frase recurrente en todas las Escrituras.

En el monte Sinaí (Éxodo 19:9), el pueblo oyó el mensaje de Dios por medio de su portavoz, Moisés. La voz de Dios les causaba temor (Éxodo 20:18-19), pero era esencial oírlo para que «no pecaran». En Éxodo 20, Dios dio instrucciones detalladas acerca del modelo de adoración. No haréis conmigo dioses de plata, ni os haréis dioses de oro –Éxodo 20:23. Estas ayudas visuales (ídolos) violaban la ley de Dios de oír. Por la puerta de los ojos llega la tentación de construir ídolos. Los altares que Dios sí permitía debían ser sencillos y sin labrar (vv. 24-25). Lo que vieran no debía distraer de lo que se oía desde el altar. Lo que se ve, especialmente la falta de modestia, tiende a distraer de lo que se oye (v. 26).

La predicación de Jesús apelaba al oído: El que tiene oídos para oír, oiga –Mateo 13:9. Aunque no usaba ayudas visuales como los predicadores de hoy, Jesús sí empleaba recursos verbales (parábolas) como medio para apelar al oído (Mat 13:18).

En el monte de la Transfiguración (Mateo 17), Pedro quiso reinventar la experiencia de adoración construyendo tres santuarios. ¡Quería algo que ver! Pero la voz que salió de la nube les hizo ver a los discípulos la importancia de oír (v. 5). ¡Dios no aprueba la adoración con ayudas visuales!

Jesús dijo: De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna… La hora viene, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oyeren vivirán. Juan 5:24-25. La salvación viene por oír la Palabra de Dios, ¡pero solo cuando uno cree lo que oye!

Pablo plantea algunas preguntas que nos hacen reflexionar: ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? –Romanos 10:14. Él mismo responde sus preguntas: Así que la fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios –Romanos 10:17. El medio que Dios ha establecido para experimentar la salvación es oír la Palabra de Dios o leerla.

En los capítulos 2 y 3 de Apocalipsis, Jesús repite siete veces: «El que tiene oído, oiga». El drama religioso es superficial porque apela a la parte anímica del hombre, no a la espiritual. La parte anímica del hombre (las emociones) puede pasar un buen rato mientras el espíritu que hay en él permanece intacto e inconmovible. Satanás usa la puerta de los ojos para distraer al hombre de los verdaderos asuntos de su corazón.

Hebreos 11:6 nos dice: «La fe es la sustancia de las cosas que se esperan, la evidencia de las cosas que no se ven (o demuestran)». La fe verdadera llega al corazón humano por medio del oír, no de la demostración. Por tanto, el drama religioso roza lo anticristiano, porque es contraproducente a la ley de Dios de oír.

b. El drama viola la sinceridad.

Las Escrituras enseñan la importancia de la sinceridad en todos los aspectos de la vida (1 Corintios 5:8; 2 Corintios 1:12, 2:17; Filipenses 1:10). Para mantener nuestra sinceridad, es importante que cada persona reconozca que Dios nos creó como individuos únicos (Salmo 139:14-15). ¡No somos ni podemos ser otra persona! Intentar ser otra persona viola nuestra singularidad individual. Y cuando alguien lo hace, se vuelve insincero.

¿Qué relación tiene esto con el drama religioso? El drama implica actuar. Jesús tuvo constantes disputas con los fariseos. Ellos actuaban constantemente, o fingían ser algo que no eran. Jesús los llamó hipócritas repetidas veces. La palabra griega original significa «actor».

La única motivación de los fariseos para orar en público era ser vistos por los hombres (Mateo 6:5-7). Tenían presente a su audiencia y, por tanto, su actuación. Jesús dejó muy claro que la devoción religiosa debía ser privada, en «tu aposento». Cuando una persona que expresa su piedad se preocupa más por su actuación que por su mensaje, ya no está adorando, ¡sino haciendo un espectáculo! Esto puede ocurrirles a predicadores, cuartetos, coros, etc. Las «caminatas de oración» suelen caer también en esta misma categoría de fingimiento.

Cuando una persona convierte la actuación en un hábito, se vuelve hipócrita. Viola su propia alma, porque perjudica la singularidad que Dios le dio.

Jesús llamó hipócritas a los fariseos siete veces en Mateo 23. Les informó que eran hombres muertos en vida (Mateo 23:27-28). Habían fingido durante tanto tiempo que ya no distinguían entre lo real y lo irreal.

Este engaño es una de las razones por las que los actores profesionales llegan a adoptar posturas tan extremas sobre los asuntos de la vida. En su profesión, se distancian cada vez más de la verdad, la sinceridad y la realidad. En asuntos como la ecología, los derechos de los animales, el aborto, los derechos de los homosexuales y el calentamiento global, muchos han adoptado posturas desconectadas de los fundamentos de la verdad y han dejado de ser sinceros.

Fingir que se ora o se adora, o representar personajes bíblicos en una obra, no solo es insincero, sino que roza lo sacrílego. ¡Imagínese fingir ser Jesús en una obra! Fingir ser Jesús es blasfemo, porque ningún cristiano se ha acercado jamás a su perfección. O, ¿qué hay de fingir ser el diablo? ¿Por qué, dígame, alguien que sigue sinceramente las enseñanzas de Jesús querría encarnar el mal? A. W. Tozer concluye: «La actuación encarna una grave contradicción moral, pues pone la mentira al servicio de la verdad».

El drama religioso, quienes participan en él y, en ese sentido, quienes aprueban la misma hipocresía que Jesús condenó, son un fraude. ¡El Espíritu Santo no honra la simulación ni el exhibicionismo!

La razón por la que multitudes seguían a Jesús era que su sinceridad resultaba muy refrescante en comparación con la actuación constante de los fariseos.

II. Razones prácticas por las que el drama religioso es una amenaza

a. El drama religioso debilita la reverencia a Dios.

Quien finge ser Jesucristo o cualquier otro personaje bíblico erosiona su reverencia al Señor. Cuando uno actúa lo suficiente, su temor de Dios va muriendo poco a poco en su interior. Después de todo, si una persona puede fingir ser igual a Cristo, ¿qué necesidad hay de reverenciar a un ser superior? Los fariseos ni siquiera sospechaban que eran hombres muertos en vida (Mateo 23:27).

b. El drama religioso identifica la adoración con el mundo teatral.

Hollywood ha demostrado eficazmente que el mundo teatral no puede producir valores morales piadosos. Presentar a un hombre y una mujer como supuestos esposo y esposa menoscaba la santidad del matrimonio. El mundo teatral también avala prácticas de noviazgo que violan las normas bíblicas de pureza. El mundo teatral se ha convertido en el modelo de las normas morales de la sociedad actual, y muchos siguen su patrón impío.

c. El drama religioso no satisface al hombre interior.

Cuando un espectáculo externo estimula los sentidos de una persona, sus emociones siguen buscando nuevas sensaciones intensas y otra experiencia de adoración que la haga sentir bien. Esto crea en ella el deseo de ver otro espectáculo aún más satisfactorio que el anterior. Las emociones se divierten, pero el hombre interior pasa hambre y muere poco a poco porque el corazón y la mente no han recibido alimento sustancial.

d. El drama religioso arruina al predicador.

El drama es amigo del predicador perezoso. Ya no necesita: Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado… –2 Timoteo 2:15. No se requiere la unción del Espíritu Santo para sustituir el sermón por una obra. En vez de mandar a los hombres que sean «la luz del mundo», les dice: «¡Bajen las luces, por favor!». Cuando el proyector reemplaza al profeta, se pierde el principal medio por el que el hombre encuentra la salvación (1 Corintios 1:21).

«Mientras el predicador pueda recurrir al entretenimiento, faltará la presión que forma a los predicadores. En su ministerio faltarán el hábito y el ritmo propios de la gran predicación». –A. W. Tozer.

¡El uso del drama religioso condenará al predicador a la mediocridad! La amenaza que enfrentamos hoy es que, a medida que se multiplique el drama religioso, los avivamientos enviados del cielo en el pasado desaparecerán.

e. La verdadera adoración será considerada inferior.

Al usar el drama en un servicio de adoración, las iglesias enseñan a los jóvenes a pensar que la verdadera adoración no es más que otra forma inferior de entretenimiento. Cuando la adoración y el drama se funden en uno, la adoración queda reducida al mínimo común denominador. ¡El peligro es que la próxima generación no sabrá qué es la verdadera adoración!

III. Modelos de la verdadera adoración

a. La oración

La oración es un tema vasto, un modelo de adoración que demasiadas veces permanece desaprovechado. La oración pública en la vida de la congregación queda comprimida dentro de las limitaciones de tiempo que nosotros mismos hemos impuesto.

En la iglesia primitiva, las oraciones públicas seguían un patrón constante en sus experiencias de adoración. Hubo oración pública inmediatamente después de la ascensión de Cristo (Hechos 1:14) y de la primera ordenación (Hechos 1:24). Y perseveraban… en las oraciones –Hechos 2:42. ¡No había ningún espíritu de apatía! Las reuniones de oración eran una herramienta evangelística, un medio para fomentar el temor de Dios y un gran elemento unificador para toda la iglesia (Hechos 2:41-44).

Pedro y Juan asistieron a una reunión de oración a media tarde (Hechos 3:1). (Dígame, hermano en la fe, ¿cuándo fue la última vez que asistió a una reunión de oración a media tarde?) Su reunión de oración tuvo resultados sísmicos (Hechos 4:31). ¡El poder y la presencia del Espíritu Santo en nuestros servicios de adoración producen resultados!

Asistir a las reuniones de oración no era una opción mensual ni bimestral (Hech 6:4). Cuando Pedro estaba en prisión, ellos organizaron voluntariamente una cadena de oración ininterrumpida (Hechos 12:5). Impusieron las manos sobre sus misioneros y oraron por ellos (Hechos 13:3). Se reunieron junto al río para una reunión de oración (Hechos 16:13). Nótese bien: ¡esta reunión junto al río no era para practicar ningún tipo de deporte acuático; era una reunión de oración! Se reunieron, …donde solía hacerse la oración… –Hechos 16:13. Entendían que, dondequiera que se reunieran los cristianos, orar juntos era una actividad habitual.

b. La predicación

La predicación es un modelo de adoración que se remonta a los tiempos de Jonás (Jonás 3:2) y Moisés (Hechos 15:21). En el Antiguo Testamento, la predicación era el modelo de Dios para comunicar al hombre su voluntad. Cuando Jesús apareció en escena, …[Él] vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios –Marcos 1:14. Usó el mismo modelo de adoración. Jesús empleaba parábolas como ilustraciones verbales (no visuales), que captaban la atención de quienes lo oían.

Cerca del final de su ministerio, Jesús extendió la predicación como modelo de adoración para las generaciones futuras y todas las culturas del mundo: …Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura –Marcos 16:15.

El llamado de Pablo era predicar el evangelio (1 Corintios 1:17-21). La predicación no debía adornarse con la astucia humana. A Dios le agradó usar la locura y la sencillez de la predicación para ministrar salvación a quienes se atrevían a creer. Por esta razón, la predicación debe ser el punto central de cada servicio de adoración. Los servicios de alabanza, los conciertos y los musicales roban tiempo que, en cambio, debería invertirse en escuchar la predicación inspirada por el Espíritu Santo. Cuando se usa el drama religioso para presentar la verdad, se pasa por alto el modelo que Dios ordenó para llevar al hombre el mensaje de salvación.

Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía y guardan las cosas escritas en ella… –Apocalipsis 1:3. El método de comunicación de Dios es la Palabra escrita o hablada. ¡No una imagen! ¡No una obra! ¡No un espectáculo!

c. El canto

El Nuevo Testamento no da indicio alguno de cantantes profesionales, coros o actuaciones musicales. Para que el canto tenga sentido, todos deben participar y la mente debe intervenir de manera consciente (1 Corintios 14:15). El contexto implica claramente que la adoración o el canto no son solo una experiencia individual; están destinados a edificar a todos los presentes. Los solistas, que tienden a exaltarse a sí mismos, impiden que el resto de los asistentes participe en una experiencia colectiva de adoración.

La palabra de Cristo habite en vosotros abundantemente, con toda sabiduría, enseñándoos y exhortándoos unos a otros con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor –Colosenses 3:16. Los cánticos espirituales conmueven el corazón, mientras que los cánticos anímicos mueven los pies y las emociones. Cantamos «al Señor». La predicación va de Dios al hombre, pero el canto va del hombre a Dios y contiene expresiones de alabanza, adoración, honra y acción de gracias. El canto es para adorar, no para entretener.

Hablando entre vosotros con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestro corazón –Efesios 5:19. El canto lleno del Espíritu trae edificación mutua, inspiración y ánimo. La participación en el canto tiene la capacidad de ministrar a las necesidades más profundas del corazón cuando otros métodos fallan. «Alabando al Señor en vuestro corazón» implica que el corazón acompaña el canto. La instrumentación externa tiende a centrar la atención en las capacidades de una persona, en vez de en el corazón. Si nuestro canto no va acompañado del corazón, se convierte en otro espectáculo de adoración farisaico.

La adoración del Antiguo Testamento era aceptable a Dios; sin embargo, también era ritualista: incluía sacrificios de animales, quema de incienso, uso de instrumentos musicales y danza delante del Señor. La adoración del Nuevo Testamento, en cambio, es muy distinta. Jesús nos enseña que …es necesario que le adoren en espíritu y en verdad –Juan 4:24. El espíritu de adoración reemplaza los rituales. Cuando pasamos de métodos intrínsecos de adoración a métodos extrínsecos, violamos el «espíritu» de adoración del Nuevo Testamento. Nuestra adoración no debe ser estimulada por lo externo, sino por el Espíritu Santo (Efesios 5:18).

IV. Esencia de la verdadera adoración

Cuando Jesús se encontró con la mujer junto al pozo, ella expresó su preocupación por el cambio en la forma de adorar (Juan 4:20). Le preocupaba cómo habían adorado sus antepasados. En otras palabras: «¡Así lo hemos hecho siempre!». Cada generación de adoradores debe cuidarse de la adoración formalista.

Hay dos actitudes que afectan negativamente la verdadera adoración:

  • Formal: acostumbrarse tanto a hacer las cosas como siempre se han hecho que acabamos limitándonos a cumplir con los gestos y perdemos de vista a Aquel a quien adoramos.
  • Informal: volverse tan indiferente a cualquier forma de adoración que Aquel a quien se adora queda oculto por la indiferencia.

Los estilos de adoración tanto formalistas como informales tienen un problema de raíz: ¡falta de reverencia a Dios!

Los antepasados de la mujer junto al pozo habían perdido tanto el enfoque como el concepto de la adoración: «Vosotros adoráis lo que no sabéis» (Juan 4:22a). Jesús indicó claramente que la adoración no es irreflexiva: «Nosotros adoramos lo que sabemos» (4:22b). La verdadera adoración ejercita nuestra mente y nuestro intelecto. La verdadera adoración ofrece algo: «La salvación viene de Jesús» (4:22c). ¡Transforma la vida!

El lugar de adoración no es tan importante como la actitud (Juan 4:23). El énfasis de Jesús no recae en la ceremonia externa, sino en el estado de la mente y el espíritu.

Dios es Espíritu, y los que le adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad –Juan 4:24. ¡Nótese la palabra «deben»! La única adoración aceptable es en espíritu y en verdad. Nuestra actitud debe estar en armonía con el Espíritu de Dios. La verdadera adoración también implica nuestra respuesta a la verdad. Si nuestro espíritu no responde a la verdad, ¡no estamos adorando! Si nuestra mente está en otra parte, o pensando en cualquier otra cosa, nuestra adoración no es más que un ritual frío y muerto.

Conclusión

Al observar los principios de las Escrituras, queda claro que el drama religioso no es el modelo de Dios para llevar fe y vida al alma humana.

El modelo de la verdadera adoración en el Nuevo Testamento consiste en reunirse para escuchar la predicación de la Palabra; orar juntos y los unos por los otros; y cantar salmos, himnos y cánticos espirituales.

Hoy es muy real la tentación de introducir cosas nuevas en la adoración. Jesús nos llama a adorar en espíritu y en verdad. Cuando cada uno de nosotros hace sinceramente su parte para que los servicios de adoración sean significativos y espirituales, disminuye la tentación de reintroducir lo formal («la manera en que adoraban nuestros antepasados») o de introducir lo informal (cualquier nueva forma irreverente de adoración).

Obras citadas

The American Heritage College Dictionary, Nueva York: Houghton Mifflin Company, 2007.

La Biblia, versión King James.

The Vance Havner Quotebook, Dennis J. Hester, Grand Rapids: Baker Book House, 1986.

The Menace of the Religious Movie, A. W. Tozer, Wisconsin Rapids: Rapids Christian Press.

Referencia de la revista

El drama religioso frente a la verdadera adoración. Ivan Weaver Bethel, PA. The Heartbeat of The Remnant, Verano 2021 · Volumen 25 · Número 2. Páginas de origen 9–12.

The Berean Voice

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