Cuando los muros de la montaña se interpongan en el camino.
¿Por qué sentarse a llorar? Levántate y di:
«Quítate de ahí», y, por el poder de Dios,
serán arrojados al mar.
Todo poder en la tierra, todo poder en el cielo,
le ha sido dado a Cristo, el Hijo de Dios;
y desde el trono te investirá,
y los obstáculos huirán de ti.
Por encima de todo poder del demonio y del hombre,
di por medio del Señor: «Sin duda puedo»,
toma de Él poder para pisar,
sobre el aguijón de la serpiente y la cabeza del dragón.
Sea cual sea tu forma, oh montaña elevada,
dondequiera que estés, en la tierra o en el cielo,
cuandoquiera que estés, la verdad es la misma:
«Quítate de ahí en el nombre de Jesús».
«Quítate de ahí», la fe te insta a partir,
pues mira allá: ¡levántate! ¡Vete!
Puedo, soy capaz, debo, lo haré,
cumplir el propósito de mi Dios.


