¡Una princesa de Dios!
Es un llamado sublime
que merece que ofrezca
mi talento y mi tiempo
para crecer en la gloria
de lo que Él haría de mí:
mi Padre, el Rey,
quitará toda fealdad
de mi corazón,
para que ya no lo empañe
y me traiga las joyas
que tiene reservadas.
¡Una princesa de Dios!
Es un llamado a vivir
una vida que dé a los demás
que me rodean
un diamante de esperanza,
el deseo de Dios,
la verdad de la salvación
por la sangre derramada de Jesús.
Un llamado a vivir piadosamente
en Jesucristo,
adornada con su mansedumbre
y vestida de su luz.

