Saludos de amor cristiano para cada uno. Espero que hayan encontrado en Cristo el ancla para su alma y la solución a sus dificultades. Otro año ha pasado y se ha ido, ¡y qué año ha sido…! Un virus invisible que rodeó el mundo y sacudió las culturas, desde los países del tercer mundo hasta los más avanzados e industrializados. Los líderes mundiales se culpaban unos a otros por la pandemia cada vez más extendida, mientras las economías de sus países seguían precipitándose en picada. Y las iglesias luchaban por mantener la unidad en medio de los diversos mandatos gubernamentales sobre el distanciamiento social, el uso de mascarillas y los límites al tamaño de las reuniones.
Para muchos, el año 2020 destruyó o alteró radicalmente aquello que antes se consideraba normal, y ha empezado a establecer nuevas normas; puede que muchas cosas nunca vuelvan a ser iguales. «Seis pies» se ha convertido en una unidad de medida muy conocida. El sonido de una tos provoca miradas de quienes están a distancia de oírla. El uso de mascarillas se ha convertido en objeto de bromas y de interminables discusiones sobre sus ventajas y desventajas.
A lo largo de todo esto, muchos han sufrido de diversas maneras. Y, lo que es más importante, me pregunto si hemos considerado las consecuencias espirituales que están teniendo lugar en quienes nos rodean.
He oído numerosos informes sobre personas que no pudieron soportar la pérdida de la comunión cuando su iglesia local dejó por completo de celebrar cultos presenciales. Algunas languidecieron en silencio y se desilusionaron cada vez más con el cristianismo. Otras, al decidir que aquello era «la gota que colmaba el vaso», actuaron y dejaron su antigua iglesia; luego se unieron a un nuevo grupo que apoyaba más sus opiniones. Sin embargo, hubo muchas iglesias que optaron por «obedecer a Dios antes que a los hombres» y continuaron reuniéndose discretamente para adorar.
La conciencia en crisis
Este asunto por sí solo (que los gobiernos les digan a las iglesias cómo y cuándo adorar) ha causado muchas discusiones, desórdenes e incluso disensiones en muchas iglesias. Estamos viviendo tiempos sin precedentes. La mayoría de nosotros no tenemos experiencias pasadas a las que recurrir para que nos ayuden a tomar una decisión clara. La conciencia de algunos cristianos no les permitirá tener paz mientras «desobedecen a las autoridades civiles», mientras que la conciencia de otros cristianos no les permitirá tener paz mientras «dejan de congregarse». De alguna manera, esta «injerencia» del gobierno en la vida cotidiana de la iglesia simplemente no ha parecido del todo correcta.
Durante los siglos XVII y XVIII, nuestros antepasados anabaptistas emigraron de Europa a países extranjeros en busca de un nuevo hogar donde fueran libres de adorar según les dictara la conciencia. Desde entonces, uno de los aspectos clave de la vida en Estados Unidos ha sido la «separación de la iglesia y el Estado». Por eso, los anabaptistas conservadores hemos considerado con incertidumbre y temor lo que nos han pedido nuestros gobiernos locales, estatales o federales. Algo por lo que estoy sumamente agradecido es que los líderes de nuestra congregación local han mantenido durante todo este tiempo una exhortación muy firme: «Al afrontar cada nuevo desafío que se nos presenta, debemos mostrar SIEMPRE un respeto piadoso (en pensamiento, palabra y acción) hacia nuestras autoridades civiles», especialmente si consideramos necesario «obedecer a Dios antes que a los hombres».
Otro motivo importante de preocupación fueron las elecciones de Estados Unidos a finales de 2020. De alguna manera, este país se ha polarizado cada vez más durante los últimos cuatro años (tal vez desde hace más tiempo). Escuché el informe sobre un hombre del mundo que dijo que, si Trump no ganaba las elecciones, no veía ninguna esperanza para seguir viviendo y estaba pensando si debería quitarse la vida y acabar con todo. Claro que un hombre del mundo quizá no tenga la esperanza de una vida mejor por venir, pues probablemente no se ve como un «extranjero y peregrino» en esta tierra y lo más probable es que no crea en la vida eterna. Pero ¿qué hay de quienes afirmamos ser cristianos? ¿Lo estamos haciendo mejor? ¿Respondemos a cada situación con temor o con fe?
Toda esta alteración de nuestra forma «normal» de vivir ha traído incertidumbre. Incertidumbre sobre el empleo. Incertidumbre sobre nuestro futuro. Incertidumbre sobre nuestras familias. Incertidumbre sobre el fin de los tiempos. Y la lista podría continuar, y cada persona podría completar los espacios en blanco por sí misma.
Las vacunas
El asunto más reciente que está acaparando la atención, tanto en nuestros pensamientos como en nuestras conversaciones, es el de la vacuna. ¿Se nos «impondrá»? ¿Incluye este nuevo tipo de vacuna propiedades que permitirán que otros nos «rastreen» y escuchen nuestras conversaciones privadas? ¿Es cierto que de alguna manera hay un microchip o multitud de nanorrobots sumergidos en ese pequeño volumen de líquido? ¿Cambiará de algún modo mi ADN esta nueva tecnología, fabricada como una vacuna sintética de ARNm, si permito que me pinchen la piel? ¿Es esta vacuna la marca de la bestia? Estas y muchas otras son preguntas que he estado oyendo con frecuencia e insistencia cada vez mayores.
Teorías de conspiración
La incertidumbre de todo esto (el virus, las elecciones y la vacuna) ha generado muchísimas teorías de conspiración. Por lo general, si algo tiene una connotación negativa, tendemos a cerrarnos a la posibilidad de que podamos estar involucrados. «¡Seguro que las ideas que estoy difundiendo no son una teoría de conspiración!»
¿O sí lo son? Detengámonos y pensemos un momento. Conspiración = plan secreto de un grupo para hacer algo ilegal o perjudicial. Teoría = suposición o sistema de ideas destinado a explicar algo. ¿No encaja esto con la mayoría de las acusaciones y afirmaciones que se han difundido entre nosotros? Casi cada nueva «historia» afirma que ciertas personas participan en secreto en un plan que lo abarca todo, con el fin de utilizar este determinado asunto negativo que causa alteración para provocar un cambio negativo específico que perjudicará a las masas. A menudo, estas «historias» están diseñadas para apelar a nuestras emociones y provocar una respuesta arraigada en el miedo, cuyo propósito último es protegerme del supuesto daño personal: que otros me controlen, la pérdida de mis derechos personales, la pérdida de mi privacidad personal, etcétera, etcétera.
Si somos sinceros en cuanto al significado real de «conspiración» y de «teoría», también tendremos que admitir que muchas, si no la mayoría, de las «historias» que se propagan por los rumores son, en efecto, teorías de conspiración. No estoy sugiriendo que escondamos la cabeza en la arena ni que no debamos ser un pueblo preparado. Sencillamente, advierto contra dejarnos arrastrar por la retórica emocional de las muchas «historias» que se promueven continuamente.
Hay algunas preguntas que podemos hacernos para ayudarnos a desenredar la confusión que generan las diversas afirmaciones o acusaciones. ¿Se me está pidiendo que me sume a la lucha para proteger la Constitución de Estados Unidos? ¿Se me aconseja que me una a otros para defender nuestros «derechos»? Si me detengo a considerar lo que sucede en mi corazón, ¿qué me mueve a actuar: la fe o el miedo? Si hay algo de verdad en lo que se afirma, ¿hay algo que yo pueda hacer al respecto?
Como dije antes, estamos viviendo tiempos sin precedentes. Enfrentemos el futuro con fe: nuestro Dios tiene el control soberano. No perdamos de vista nuestro futuro hogar en el cielo: estamos llamados a ser extranjeros y peregrinos en este mundo. Recordemos siempre las promesas de Dios: que estará con nosotros siempre, hasta el fin del mundo, y que NO permitirá que seamos tentados más de lo que podamos soportar. Estas promesas y muchas, muchas otras están claramente especificadas en las Escrituras.
El virus llega a casa
Mi familia (la de Curvin) contrajo el virus de la COVID-19 a mediados de octubre de 2020. Afectó a cada miembro de nuestra familia de una manera ligeramente distinta, lo cual fue interesante de observar. Uno de los aspectos curiosos fue que la mayoría de nosotros perdió el sentido del gusto y del olfato. La mayoría de nuestra familia no sufrió más de lo que normalmente sufriríamos con una gripe común. Sin embargo, mi madre, que vive con nosotros, estuvo a punto de tener que ser hospitalizada debido a los bajos niveles de oxígeno en la sangre. Afortunadamente, se evitó gracias a que un médico le recetó algunos medicamentos potentes, que tuvieron un efecto casi inmediato para revertir la situación.
En mi caso, el virus me enfermó tanto que no pude trabajar durante más de dos meses. Lo único que me mantuvo fuera del hospital fue tomar a diario un medicamento de uso restringido y recibir, mediante tratamientos con nebulizador, el doble de la dosis recomendada de esteroides. Esto continuó durante más de seis semanas. Ya casi han pasado dos meses desde que empecé a recuperarme, y todavía no he vuelto del todo al estado en que me encontraba antes de contraer la COVID-19.
Como nota aparte, hemos incluido un artículo que destaca la vida de Mose Stoltzfus, un hermano mayor de una de nuestras iglesias hermanas, quien murió después de contraer la COVID-19. Al considerar estas dos situaciones, puedo afirmar con certeza que el virus es real y no un engaño; que afecta a cada persona de manera ligeramente distinta; que algunas personas apenas sufren efectos adversos aunque contraigan el virus; y que algunas sí llegan a enfermarse gravemente.
El folleto sobre las vacunas
Hace varios números publicamos una serie de artículos escritos por un médico sobre el tema de las vacunas en su conjunto. Nuestro objetivo era presentar una perspectiva lo más equilibrada posible. Recibimos numerosas solicitudes para reunir esos artículos en forma de folleto, algo que ya habíamos anunciado que planeábamos hacer. Nos encontramos con varios asuntos prácticos que debíamos resolver, lo cual tomó tiempo (mucho más de lo que habíamos previsto). Por fin, hemos llegado al punto en que estamos listos para compilar y publicar este folleto.
Si desean recibir uno o más ejemplares de este folleto, les pedimos que se pongan en contacto con nosotros y nos indiquen sus datos de contacto y cuántos folletos desean, aunque ya lo hayan hecho anteriormente. Esto nos ayudará a calcular el interés y saber cuántos debemos imprimir. Pueden comunicarse con nosotros por correo postal, teléfono o correo electrónico; los datos para cada uno de estos medios se encuentran en la cubierta interior de cada número de nuestra revista, El latido del remanente.
Cambios continuos
Durante el último año o los últimos dos años hemos explorado distintas maneras de agilizar nuestro trabajo de producción. Una de ellas, que ya hemos mencionado, es avanzar hacia la participación de varios autores que escriban artículos para las distintas columnas específicas, como «Rincón infantil», «De hermana a hermana», «Una palabra del doctor», etc. Uno de los cambios que verán es que tendremos más de un médico escribiendo artículos para la columna médica.
Finanzas
Como notarán, en este número hemos incluido un informe financiero correspondiente al año 2020. Hace un año dimos a conocer, por medio de nuestro boletín anual, que nuestra situación financiera era bastante desesperada y que necesitábamos fondos para poder seguir adelante. La respuesta fue abrumadora, y hemos sido bendecidos por todos los que decidieron colaborar con nosotros para atender esta necesidad. Sin embargo, como pueden ver en el informe financiero, necesitamos que el apoyo económico continúe, ya que nuestros gastos son constantes. A quienes participan activamente de esta manera, les damos las gracias y pedimos que Dios bendiga abundantemente su generosidad.
Un dato de interés
El relato infantil de este número de la revista tiene un interés especial para mí. Aunque quizá no todos los detalles del relato sean exactos, hubo una familia de John M. y Catharine Kurtz que perdió cinco hijos en la infancia y, años después, perdió seis hijos por difteria. Solo sobrevivió John S. Kurtz, a quien más tarde se unieron dos hermanos menores. John fue ordenado al ministerio a los 27 años y se casó con Maria Horning casi dos años después.
John S. y Maria (Horning) Kurtz fueron mis tatarabuelos. Así, esa rama de mi ascendencia puede seguirse hasta la época de otra pandemia y de una enorme conmoción en la vida de las personas, a través del único hijo sobreviviente de una familia de 12. Para mí, esto aporta un interés y una perspectiva personales a algunas de las situaciones que enfrentamos hoy.
Que Dios bendiga y guarde a cada uno. A medida que el mundo se vuelve cada vez más oscuro y caótico, acerquémonos cada vez más a nuestro Señor como cristianos. Para ello, Él nos ha dado un mandato que contiene una promesa para cada uno de nosotros: Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Limpiaos las manos, pecadores; y purificad vuestros corazones, los de doble ánimo –Santiago 4:8.
Curvin L Wenger

