Un guerrero tosco del Antiguo Testamento y una ama de casa del siglo XXI: ¿qué podrían tener en común? Al leer los Salmos, encontramos a un hombre decidido a buscar el corazón de Dios y andar en obediencia. Aunque no hay muchas semejanzas entre mi vida y la de este hombre, sus palabras siguen tocando mi necesidad y dando firmeza a mi corazón vacilante.
David puso su corazón en Dios incluso cuando su vida estaba llena de dificultades y angustia. A menudo no podía tener la vida segura que tanto anhelaba. Al leer sus escritos, emprendo un viaje personal de fe y obediencia. Muchas veces, cuando me enfrento a una necesidad en mi vida, las primeras palabras que me vienen a los labios son «Lo intentaré». Es muy fácil permitir que emociones de frustración, temor y preocupación nos dominen, en lugar de tomar la decisión consciente de obedecer. Muchas veces, a lo largo del libro de los Salmos, David usa las palabras «Lo haré». David estaba decidido a encaminar su corazón por la senda de la obediencia. Acompáñenme en este recorrido por este hermoso libro mientras exploramos algunas de las declaraciones de David: «Lo haré».
- Alabaré a ti, Señor, con todo mi corazón. –Salmo 9:1a
- Te amaré, Señor, fortaleza mía. –Salmo 18:1
- Invocaré al Señor, digno de alabanza. –Salmo 18:3a
- Confesaré mis transgresiones al Señor. –Salmo 32:5b
- Refrenaré mi boca. –Salmo 39:1b
- Esperaré en tu nombre. –Salmo 52:9b
- Confiaré en ti. –Salmo 56:3b
- No temeré lo que pueda hacerme el hombre. –Salmo 56:4b
- Declararé lo que él ha hecho por mi alma. –Salmo 66:16b
- Alabaré el nombre de Dios con un cántico. –Salmo 69:30a
- Andaré en la fuerza del Señor Dios. –Salmo 71:16a
- Recordaré las obras del Señor. –Salmo 77:11a
- Meditaré también en toda tu obra y hablaré de tus hechos. –Salmo 77:12
- Estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza. –Salmo 17:5b
La mayoría de las declaraciones de David «Lo haré» fueron decisiones conscientes y emocionales en medio de circunstancias turbulentas. Sin emociones, este mundo sería un lugar frío y duro, incapaz de ser habitado por el Espíritu de Dios. Toda la humanidad fue creada con emociones, pero las mujeres en especial se dejan dominar por ellas con facilidad. Lidiamos a diario con los altibajos de nuestras emociones, a menudo como un caballo salvaje que constantemente intenta desbocarse. Pero Dios también nos da su fuerza para sujetar las riendas de este «caballo salvaje» y guiarlo en la dirección correcta. Una vez tomada la decisión, la gracia de Dios es toda nuestra. Al contrario de lo que a menudo nos decimos, no somos víctimas de nuestros sentimientos o emociones. Somos responsables de actuar, pues, de hecho, se trata de una guerra entre el bien y el mal. Es una guerra entre nuestra naturaleza pecaminosa y la naturaleza de Cristo.
Quiero examinar algunas luchas comunes a las mujeres y luego veremos cómo una declaración «Lo haré» dirigida por Dios puede cambiar nuestra perspectiva y, en última instancia, afectar nuestras respuestas emocionales y nuestra salud espiritual.
Comparación
Porque no nos atrevemos a contarnos ni a compararnos con algunos que se alaban a sí mismos; pero ellos, midiéndose a sí mismos por sí mismos y comparándose entre sí, no son sensatos –2 Corintios 10:12.
Es nuestra tendencia natural compararnos con los demás. Sin embargo, cada vez terminamos sintiéndonos superiores o inferiores a la otra persona. Esto despierta muchas emociones que pueden deprimirnos o hacernos sentirnos bien con nosotras mismas injustificadamente. Ninguna de estas respuestas produce un corazón apacible. En vez de seguir esta tendencia a compararnos, podemos decir como David: «Te amaré, Señor, fortaleza mía». Tener la mirada puesta en Cristo satisfará nuestro corazón de una manera que nuestro deseo de seguridad y aceptación humanas nunca puede ni podrá lograr.
Temor
Cuando tenga miedo, confiaré en ti –Salmo 56:3.
No siempre parece que tengamos opción en este asunto, pues el temor tiende a irrumpir en nosotros sin previo aviso. Pero en algunas de mis luchas recientes con el temor, Dios me mostró que vivir en temor constante es negarse a creer las promesas que se encuentran en su Palabra. «Confiaré en ti» de David es una decisión consciente que yo también necesito tomar. Como han dicho algunos: «El temor es vivir en el futuro sin Dios». La gracia de Dios está aquí para mí hoy y estará aquí para mí mañana, pero no puedo intentar encontrar hoy la gracia para las pruebas de mañana.
Descontento
No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación –Filipenses 4:11.
Y teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto –1 Timoteo 6:8.
Todo en las estrategias publicitarias del mundo actual está diseñado para crear el deseo de tener más. Por muy hermosa que sea la casa en la que vivimos, nuestra naturaleza humana siempre anhelará una cosa más. Piensa en la paz que está a tu alcance como mujer de Dios si eliges imitar la actitud de David: «Estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza». Cuando Dios satisface los anhelos de tu corazón, ya no hay necesidad de buscar una satisfacción falsa.
Chismes
Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno –Colosenses 4:6.
Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para edificación, a fin de dar gracia a los oyentes –Efesios 4:29.
La palabra «chisme» se define como «conversación o comentarios informales o desenfrenados acerca de otras personas, que suelen incluir detalles cuya veracidad no está confirmada». A menudo es un intento de elevar nuestro propio ego, arraigado en la inseguridad. David dice: «Refrenaré mi boca». Aunque tenía todos los motivos para difundir «historias» sobre sus enemigos, no vio la necesidad de menospreciar a los demás mediante el chisme.
Aquí hemos considerado solo unos pocos ejemplos. Las animo a cada una a evaluar en oración sus propias respuestas emocionales y la manera en que pueden dominar su vida. Esta es una lista de preguntas que las ayudará a discernir qué áreas de su vida quizá necesiten un cambio de perspectiva.
- ¿Necesitas cultivar más una actitud de «Lo haré» en tu vida?
- ¿Te sientes sin ánimo y te preguntas cuál es el sentido de la vida?
- ¿Estás luchando contra la depresión?
- ¿Te cuesta establecer tus prioridades y te falta motivación para cambiarlas?
- ¿Necesitan tus hijos más palabras de ánimo?
- ¿Luchas con hábitos alimenticios poco saludables?
- ¿Estás atrapada en los engranajes de patrones de pensamiento negativos?
- ¿Te opones a los deseos y al liderazgo de tu esposo?
Las buenas intenciones y el cambio a menudo solo están separados por la falta de fe y motivación. Muchas veces no entendemos cuánto le importan a Dios estas emociones y problemas de nuestra vida, ni que espera ver nuestra disposición a cambiar. Cuando damos el primer paso de obediencia, su gracia está allí para hacer el milagro. La mentalidad de «Lo intentaré» trae letargo y derrota. El «Lo haré» abre el almacén inagotable de la gracia de Dios. Cada día trae cientos de pequeñas decisiones. La manera en que respondemos a esas decisiones termina formando la mujer en que nos convertimos y la mujer que seremos en nuestra vejez.
Un día, María, la futura madre de Jesús, se encontró de repente frente a un ángel. Sus palabras la turbaron y ella «meditaba» sobre lo que él le decía. Podría haber permitido que el temor la venciera al pensar en lo que las palabras del ángel significaban para ella. En cambio, dijo: «He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra». Eligió la fe, y eso impactó al mundo de maneras que jamás habría podido imaginar.
Fue una decisión. Una decisión para la que no podía tomarse días o semanas de preparación. Sin embargo, que ella formara parte del plan de Dios para la salvación del mundo dependía de esa decisión.
La reina Ester se enfrentó a un dilema grave. Su pueblo corría peligro de ser exterminado por el pérfido Amán. Mardoqueo le dijo que era reina para un momento como aquel y que debía presentarse ante el rey y suplicarle ayuda. Su corazón temblaba. Conocía bien las reglas del rey: quien se aventurara a entrar en su palacio sin invitación probablemente sería condenado a muerte. Pero eligió el valor… «Si perezco, que perezca». Iba a hacer lo que pudiera por su pueblo, sin importar el costo.
Fue simplemente una decisión. Sin embargo, la seguridad de su pueblo y el milagro de su liberación se hicieron posibles gracias a su disposición a tomar una decisión tan difícil.
Las actitudes y las emociones —negativas o positivas— son decisiones ocultas que debemos tomar. ¿Cuál elegirás: el incrédulo «Lo intentaré» o el valiente «Lo haré»? ¿Elegirás, por la gracia de Dios, tomar la decisión correcta? Dios ha prometido perfeccionar lo que te concierne, pero no hará su obra en tu vida sin tu «Lo haré». Depende de ti.
Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo necesario, abundéis para toda buena obra: –2 Corintios 9:8.

