No podemos permitirnos ganar a costa de la pérdida de otro;
No podemos permitirnos perder la corona por tropezar ante la cruz.
No podemos permitirnos una broma irreflexiva que nos haga perder a un amigo;
No podemos permitirnos una risa que acaba en amargas lágrimas.
No podemos permitirnos el festín de hoy que trae el ayuno de mañana;
No podemos permitirnos la carrera que al final acaba en tragedia.
No podemos permitirnos jugar con fuego ni tentar la mordedura de una serpiente;
No podemos permitirnos pensar que el pecado trae verdadero deleite.
No podemos permitirnos prestar seria atención a la burla del cínico;
No podemos permitirnos hacer oídos sordos a las palabras de los sabios.
No podemos permitir que el odio nos lleve a responder con odio;
No podemos permitirnos alimentar una llama y hacer que arda con más fuerza.
No podemos permitirnos perder el alma por el aliento fugaz de este mundo;
No podemos permitirnos trocar la vida por la muerte en un intercambio insensato.
Pero, separados de TI, Señor que todo lo ves, estamos ciegos al bien;
¡Oh, danos luz para que sepamos qué cosas no podemos permitirnos!



